Por recomendacion de Mina y renombrando mi resurreccion ( segunda jeje) en La Coctelera, publico sobre la Esperanza.
Disculpa a las personas que siempre les firmo y me firman por no cumplir con mi deber de Cocteleriana jeje. No tengo suerte con los tramites de servicio de internet y eso me a costado varios "cuelgues". Saludos y mis sinceras disculpas. Ya estoy en plan d ecompensacion de ausencia y pasare por sus blog.
Sobre Camboya 1974-75
Caminaba a tropezones, atravesando escombros.
Medio dia y el cielo parecía morir.
El humo apareándose con la neblina vomitaba una humedad terrible.
Ella estiraba el brazo de su hija apurando el paso. A lo lejos se escuchaba el crujir de los aviones .
El olor a quemado y tierra húmeda se impregnaba en el ser.
Los pies descalzos pretendían tener un destino, ella reconoció que buscar entre los coches destruidos y los muros caídos era en vano.
Un perro flaco pasó delante de ellas, ya con solo tres patas, casi burlándose de ellas, llevaba una rata muerta en el hocico.
El hambre dio la punzada y casi corrió tras el animal para arrebatarle su presa, éste sintió el peligro y huyó.
Ella se contuvo. Tres semanas desde que despertaron en las ruinas después de las bombas, las ratas aun no eran su opción.
El humo de las casas que las rodeaban la obligaron a refugiarse debajo de una gran chapa de un ex-techo.
Se encontró en el suelo, se miraba, el reflejo del monstruo de la desgracia apareció en frente.
No grito.
Ya no gritaba, tampoco lloraba. Ese espejo solo le hablaba, era lo único que decía la verdad allí. Ni los panfletos rosaditos de los políticos que largaban las avionetas decían la verdad como aquel trozo de cristal que cantaba la situación.
El viejo de la alcantarilla paso enfrente de ellas con una remera, que quizás encontró, cubriendo su casi desnudo cuerpo. Decía " Zona de Guerra" en inglés.
Si hubiera leído eso un mes atrás estarían a salvo, lejos de esa tierra de muertos vivos., antes de que hubiera perdido casi todo: un esposo, un hijo y una hermana.
El viejo saludo con locura, su niña le apretó la mano con inquietud, pero el loco se había ido feliz a su cueva a fingir demencia para soportar aquello.
Si no fuese por su pequeña, lo hubiera seguido. Se hubiera echado a reír y gritar con aquel hombre que todo aquello era fruto de su imaginación; ¿o hubiera hecho lo mismo que el joven que se quedo sin una pierna? ¿Se hubiera colgado?
No.
También hubieran olvidado su cuerpo , lo dejarían colgado allí para que forme parte del paisaje, junto con las otras basuras.
¿Pero habría diferencia?
Los que estaban comiendo caviar, pasaban en avión y los veían. Vivos aún pero los veían como parte del paisaje, como zombie en tierras de nadie, de experimentos, de excrementos de aviones.
"ESPEREMOS"
Le había dicho su nena de siete años cuando contemplaron sin querer la muerte anunciada a gritos del joven camboyano.
Tal vez se le ocurrió hacer lo mismo, por que ella era de tener sentido común, o tal vez vio en los ojos de su madre que aquello era la solución.
Pero por la firmeza y un no se qué de ese "Esperemos" que surgió imponente, pasaron sus días esperando, divagando, llorando, callando, peleando, esperando, compartiendo, buscando, esperando, soñando, llorando, muriendo, viviendo, llorando y esperando.
Siete meses así, siete meses después.
Tendidas contando costillas que se veían y en una vista inusual de un limpio amanecer, después de que el humo desapareciera ya, la nena oye un ruido extraño a lo lejos y se levanta con temor. La madre usando muletas se levanto y se acerco a ella, ambas caminaron hasta donde provenía el ruido. Llegaron hasta el costado de un maltrecho sendero.
Los demás, curiosos, también se acercaban.
"¿Que es eso?" preguntó la nena
"Eso, mi hija... es la ESPERANZA" contesta la madre con media sonrisa tiesa señalando seis coches de la cruz roja que se acercaban a lo lejos dando tumbos.
Angie




